Desventajas de las clases ULIS: lo que dicen los expertos y los padres

Un niño orientado en ULIS sigue inscrito en una clase ordinaria. En teoría, el dispositivo combina agrupamiento adaptado e inclusión con los demás alumnos. En la práctica, varias limitaciones se repiten de manera recurrente en los comentarios de padres y profesionales. Comprender los inconvenientes concretos del dispositivo ULIS permite tomar una decisión más informada al momento de validar una orientación MDPH.

Saturación de los dispositivos ULIS y pérdida de calidad

Quizás hayas oído hablar de clases ULIS “a reventar”. No es una exageración. La continua progresión del número de alumnos en situación de discapacidad escolarizados en entornos ordinarios aumenta la presión sobre dispositivos cuyos recursos no crecen al mismo ritmo.

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Concretamente, un coordinador ULIS a veces se encuentra con perfiles muy diferentes: trastornos cognitivos, trastornos del espectro autista, trastornos del lenguaje. Cuando los efectivos aumentan, el tiempo individual dedicado a cada alumno disminuye. Los docentes especializados describen jornadas en las que pasan de un nivel de CP a un nivel de CM2 en el mismo horario, sin poder profundizar.

Esta sobrecarga tiene un efecto directo en la inclusión en la clase ordinaria. Para “proteger” el dispositivo, algunos establecimientos reducen los tiempos de presencia en la clase de referencia. El alumno pasa entonces la mayor parte de su semana en el aula ULIS, lo que contradice el principio mismo del dispositivo.

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Algunos padres testimonian sobre una orientación en ULIS “por falta de mejor opción”, cuando faltan plazas en establecimientos médico-sociales o en SESSAD. Varias familias que han analizado los inconvenientes de las clases ULIS señalan esta situación de compromiso forzado en lugar de una elección pedagógica asumida.

Niño aislado en el entorno escolar ilustrando las dificultades sociales relacionadas con el dispositivo ULIS

Estigmatización de los alumnos ULIS en el día a día

Un antiguo alumno de un colegio ULIS resume su experiencia en una frase: “En ULIS, parecemos tontos.” Este testimonio, publicado por el medio Zep, ilustra un problema que los textos oficiales no mencionan. El dispositivo, que se supone debe favorecer la inclusión, puede producir el efecto contrario: un etiquetado social difícil de soportar para adolescentes en desarrollo.

El mecanismo es simple. Los alumnos ULIS abandonan su clase ordinaria a ciertas horas para unirse a un aula aparte. Este vaivén señala su diferencia a los ojos de sus compañeros. En el colegio, donde la presión del grupo es fuerte, esta visibilidad genera burlas, exclusión, a veces acoso.

Los padres también informan sobre un efecto en la autoestima. Un niño que se ve retirado de clases “normales” puede interiorizar la idea de que no es capaz. Sin embargo, el niño afectado en ULIS es “alumno de pleno derecho en una clase ordinaria”. En la práctica, esta pertenencia de pleno derecho a menudo sigue siendo teórica.

ULIS colegio: cuando el dispositivo se asemeja a una guardería

El testimonio de Rudy, publicado por Zep Media, describe un día a día en el colegio ULIS donde el aprendizaje pasaba a un segundo plano: partidas de ping-pong, peonzas Beyblade, películas. Su primera docente prácticamente no ofrecía trabajo estructurado. Su reflexión retrospectiva es clara: habría preferido estar en una vía general para aprender más.

Este tipo de desviación no es anecdótica. Los propios docentes especializados se cuestionan sobre la pertinencia de la colocación de ciertos alumnos. Una coordinadora ULIS que testificó en el foro dcalin.fr explica que de nueve alumnos, solo dos o tres obtenían un beneficio real del dispositivo. Los otros, no lectores, incapaces de mantenerse concentrados más de unos minutos, según ella, deberían haber sido acompañados en IMPro o en ITEP.

El problema no es el principio del ULIS, sino su uso como solución por defecto cuando no hay otra estructura disponible. Resultado: grupos heterogéneos donde el coordinador no puede ni hacer avanzar a los alumnos más avanzados, ni acompañar a aquellos que necesitan un marco médico-educativo.

Lo que los docentes coordinadores señalan

  • Alumnos orientados en ULIS por la MDPH sin que el perfil corresponda al dispositivo, por falta de plazas en otros lugares
  • Un acompañamiento AESH (acompañante de alumno en situación de discapacidad) fragmentado: algunas horas a la semana, rara vez suficientes para un seguimiento coherente
  • Una preparación al CFG (certificado de formación general) complicada cuando la mayoría del grupo no ha adquirido la lectura

Reunión entre padre y administración escolar sobre el recorrido de un alumno en ULIS

Falta de coordinación entre ULIS y clase ordinaria

La inclusión supone un trabajo en equipo entre el coordinador ULIS, los docentes de las clases de referencia y los AESH. En la realidad, esta coordinación es a menudo insuficiente.

Los docentes de clase ordinaria no siempre tienen formación sobre discapacidad. Reciben a un alumno ULIS algunas horas a la semana sin conocer sus objetivos pedagógicos adaptados. El alumno se encuentra “colocado” en clase sin una verdadera adaptación, aparte de la presencia puntual de un AESH.

Para las familias, esta discontinuidad complica el seguimiento. El proyecto personalizado de escolarización (PPS) establece objetivos, pero su implementación depende de la buena voluntad y disponibilidad de cada actor. Cuando el AESH cambia a lo largo del año (situación frecuente dada la precariedad de estos puestos, como recuerdan las movilizaciones regulares de estos profesionales), el niño pierde sus referencias.

Puntos a verificar antes de aceptar una orientación ULIS

  • El número de alumnos ya asignados al dispositivo y la diversidad de sus perfiles
  • El volumen horario real de inclusión en clase ordinaria previsto para su hijo
  • La estabilidad y el número de horas de acompañamiento AESH asignadas
  • La existencia de un tiempo de concertación formalizado entre el coordinador y los docentes de referencia

La orientación en ULIS sigue siendo pertinente para alumnos cuyo perfil corresponde al dispositivo y cuyo establecimiento dispone de recursos suficientes. La discrepancia entre el marco regulatorio y la realidad del terreno constituye la principal queja de las familias y profesionales. Antes de validar una notificación MDPH, visitar el dispositivo, conocer al coordinador y hacer preguntas precisas sobre la organización concreta sigue siendo el enfoque más protector para el niño.

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